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Una píldora diseñada con IA supera fase III y reordena la carrera por terapias orales para psoriasis
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Un ensayo clínico de última etapa suele marcar el punto de inflexión entre una promesa científica y un medicamento con posibilidades reales de llegar a la práctica. En el campo de la psoriasis en placas, esa frontera acaba de moverse: un tratamiento oral cuya trayectoria estuvo fuertemente apoyada en herramientas de inteligencia artificial obtuvo resultados positivos en dos estudios de fase III. El dato no solo importa por lo que implica para quienes conviven con una enfermedad crónica e inflamatoria; también funciona como termómetro de un cambio más amplio en biomedicina, donde los modelos computacionales empiezan a dejar huella en productos que alcanzan el tramo más exigente del desarrollo clínico.

El medicamento se conoce como zasocitinib. Según lo comunicado por la compañía que lo impulsa, los estudios mostraron que más de la mitad de los pacientes tratados lograron una mejoría marcada del cuadro cutáneo tras 16 semanas de administración diaria. En términos prácticos, eso se traduce en piel más limpia, menos lesiones visibles y, para muchas personas, una reducción del impacto social y emocional que suele acompañar a la enfermedad. Más relevante aún para el mercado: el desempeño se midió contra placebo y también contra un tratamiento oral ya existente, lo que permite ubicar el resultado en una competencia real y no solo en el contraste obvio con no recibir medicación.


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Un “anti-CRISPR” que acelera la edición genética de precisión sin aumentar el ruido
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En el universo CRISPR, pocas etiquetas parecen tan definitivas como “anti‑CRISPR”. El nombre sugiere freno, bloqueo, apagado. Pero un trabajo revisado por pares difundido en las últimas horas mostró un giro inesperado: una proteína catalogada como inhibidora puede, bajo condiciones específicas, actuar como acelerador para una de las variantes más finas de edición genética, el llamado prime editing. El hallazgo no es una rareza de laboratorio sin consecuencias. Si se reproduce en más sistemas y tipos celulares, puede transformarse en un recurso de ingeniería capaz de mejorar rendimiento y, a la vez, reducir los subproductos que más preocupan cuando la edición sale del banco de trabajo y se acerca a aplicaciones reales.

El prime editing es una evolución de la caja de herramientas CRISPR. En lugar de cortar el ADN en dos como una tijera y dejar que la célula repare el “tajo”, funciona más como un editor que introduce una corrección dirigida. Combina una proteína tipo Cas guiada por ARN hacia un sitio preciso con una actividad que copia la modificación deseada usando una plantilla incluida en la propia guía. Esa arquitectura permite cambiar una letra, insertar o borrar fragmentos pequeños y resolver mutaciones puntuales sin depender del mismo grado de ruptura del ADN que usan métodos más clásicos. Por eso se lo considera una de las rutas más prometedoras para correcciones de alta precisión.


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Rectocolitis ulcerosa: un gran estudio en vida real detecta quiénes acumulan más corticoides y por qué importa
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Un problema silencioso atraviesa el tratamiento cotidiano de la rectocolitis ulcerosa (colitis ulcerosa) y, en general, de la enfermedad inflamatoria intestinal: la exposición repetida a corticoides. Estos fármacos pueden apagar brotes con rapidez, pero su eficacia inmediata convive con un costo biológico acumulativo. En los últimos años, la medicina de precisión y los biológicos cambiaron el mapa terapéutico; aun así, la “huella” de corticoides persiste en la práctica real. Un nuevo análisis observacional, basado en registros clínicos de gran escala, aporta una fotografía nítida de quiénes reciben más corticoides, por cuánto tiempo y en qué contextos terapéuticos se vuelve más probable caer en cursos prolongados.

El estudio revisó datos desidentificados de un sistema de historia clínica electrónica específica para enfermedad inflamatoria intestinal utilizado en centros públicos y privados de Australia y Nueva Zelanda. Para entrar al análisis, las personas debían estar “bajo cuidado activo”, es decir, haber tenido una evaluación clínica en los últimos 14 meses. A partir de allí, los investigadores miraron retrospectivamente los tres años previos para reconstruir patrones de exposición. La escala del conjunto de datos permite algo poco común: distinguir tendencias reales del ruido clínico de series pequeñas y, al mismo tiempo, detectar subgrupos que quedan escondidos cuando se promedian resultados.


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Gaia detecta indicios de planetas ocultos en discos protoplanetarios de estrellas recién nacidas
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La formación de planetas ocurre durante millones de años en entornos que parecen hechos para esconder pistas. Los discos protoplanetarios —anillos de gas y polvo que rodean a estrellas muy jóvenes— son opacos, turbulentos y, vistos desde lejos, mezclan señales físicas con efectos de iluminación que confunden. Durante décadas, la astronomía combinó dos estrategias: observar directamente las estructuras de esos discos, o detectar planetas ya asentados alrededor de estrellas maduras. El tramo intermedio —cuando un planeta está naciendo, pero todavía se oculta tras el polvo y el brillo del disco— fue el más difícil de abordar.

En las últimas horas se difundieron nuevos resultados basados en astrometría de alta precisión, la técnica que mide con enorme detalle cómo cambia la posición aparente de una estrella en el cielo. La idea es simple, aunque la medición sea técnicamente extrema: si una estrella tiene un compañero (un planeta, una enana marrón o incluso otra estrella), no se mueve en línea recta perfecta. En realidad describe un “bamboleo” diminuto alrededor del centro de masa del sistema. Detectar ese vaivén exige registrar posiciones con exactitud excepcional y aplicar modelos que separen el movimiento propio de la estrella, el ruido estadístico y posibles efectos de actividad estelar.


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MetaEdit: edición genética metagenómica para insertar ADN a gran escala dentro del microbioma intestinal
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La ingeniería genética del microbioma intestinal tiene una promesa tentadora: reprogramar microorganismos que ya viven en el cuerpo para que fabriquen moléculas terapéuticas, degraden compuestos nocivos o refuercen funciones inmunológicas sin depender de fármacos diarios. El gran obstáculo, hasta ahora, era técnico y biológico a la vez: la mayoría de las bacterias del intestino no se editan con precisión “en su lugar”. Para modificarlas, el enfoque más común consistía en aislarlas, cultivarlas, transformarlas en laboratorio y reintroducirlas. Ese circuito funciona para algunos casos, pero deja afuera a muchas especies que son difíciles de cultivar y, además, cambia el comportamiento microbiano al sacarlo de su ecosistema.

En este escenario, un trabajo publicado en Science y destacado el 11 de diciembre por Nature Biotechnology puso el foco en una estrategia que busca romper ese cuello de botella: una plataforma denominada “Metagenomic Editing”, o MetaEdit. La idea central es editar especies microbianas concretas dentro del intestino, sin depender de bacteriófagos como vehículos de entrada y sin limitarse a modificaciones pequeñas. En lugar de “retocar” letras aisladas del ADN, el objetivo es insertar fragmentos grandes —de varios kilobases— para incorporar funciones completas.


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Descubren un elemento promotor universal que reordena el diseño de genes en biotecnología
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Un nuevo trabajo en biología molecular volvió a poner el foco en una zona del genoma que, por décadas, parecía “resuelta” en los manuales: el punto exacto donde una célula decide empezar a leer un gen. En términos simples, para que una célula produzca una proteína necesita copiar primero la información del ADN a una molécula de ARN. Ese proceso —la transcripción— no arranca al azar: depende de señales regulatorias ubicadas antes del gen, conocidas como promotores. Lo novedoso del hallazgo es la identificación de un elemento promotor con rasgos compartidos entre organismos muy distintos, desde bacterias hasta eucariotas, lo que sugiere una sintaxis regulatoria más universal de lo que se pensaba.

La relevancia práctica es inmediata para la ingeniería genética y la biotecnología. Diseñar un circuito genético funcional —en una bacteria para producir un fármaco, en una levadura para sintetizar biocombustibles, o en una célula humana para terapia génica— exige controlar con precisión cuándo, cuánto y dónde se expresa un gen. Hasta hoy, gran parte de ese control se apoyaba en bibliotecas de promotores específicos por especie y en reglas empíricas: probar combinaciones, medir expresión, corregir, volver a probar. El nuevo elemento, descrito como una pieza clave en el inicio de la transcripción, abre la puerta a reglas de diseño más predictivas, y potencialmente a componentes “interoperables” entre sistemas biológicos.


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Un nuevo esquema de corrección de errores acerca la computación cuántica superconductora a la escala útil
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Un grupo internacional de físicos y especialistas en información cuántica presentó un avance relevante en uno de los principales cuellos de botella de la computación cuántica: la corrección de errores. El trabajo muestra un esquema experimental mejorado para qubits superconductores que logra reducir de manera significativa la tasa de fallos lógicos, un paso necesario para que estas máquinas puedan ejecutar cálculos largos y confiables.

La computación cuántica promete resolver problemas que resultan intratables para las computadoras clásicas, como la simulación precisa de sistemas cuánticos complejos, ciertos desafíos de optimización y el diseño avanzado de materiales. Sin embargo, los qubits son extremadamente frágiles. Interacciones mínimas con el entorno, fluctuaciones electromagnéticas o imperfecciones del hardware introducen errores que, si no se corrigen, destruyen rápidamente la información cuántica.

A diferencia de los bits clásicos, los qubits no pueden copiarse libremente ni observarse sin perturbar su estado. Por eso, la corrección de errores cuánticos requiere estrategias indirectas: codificar la información lógica en estados colectivos de varios qubits físicos y medir solo observables auxiliares que revelan la presencia de errores sin colapsar el cálculo. Este principio, propuesto teóricamente hace décadas, es hoy uno de los frentes más activos de la física experimental.


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